Topolobampo, la colonización 1886-1896

Historia de Sinaloa México

 

LA COLONIZACIÓN DE TOPOLOBAMPO (1886-1896)

 

Por: Sergio Ortega Noriega

 

El Momento Histórico

La presencia de un grupo de colonos norteamericanos en el Valle del Fuerte a fines del siglo pasado, es un hecho ligado a los grandes movimientos nacionales y mundiales del momento. Es, por tanto, necesario expresar brevemente la situación del momento histórico, con objeto de entender el porqué de la colonización de Topolobampo.

El último tercio del siglo XIX, es un periodo crítico en la historia del mundo occidental, caracterizado por grandes transformaciones que se dejan sentir en toda la tierra. Los países desarrollados intensificaron su acción sobre las regiones atrasadas de Asia, África y América en busca de materias primas para su industria, para abrir nuevos mercados a sus manufacturas y obtener mejores oportunidades en la inversión de sus capitales. También en Europa ocurrió una gran expansión demográfica, que unida a los desajustes sociales provocados por el crecimiento industrial, obligó a millones de personas a emigrar al Nuevo Mundo, principalmente a los Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina.

En este mismo momento los Estados Unidos de América, surgieron como potencia económica capaz de rivalizar con las naciones europeas. Respaldada por una secular tradición expansionista, los Estados Unidos se proyectaron sobre su vecino del sur, campo de sus incursiones imperiales. Desde 1870 la diplomacia norteamericana presionó al gobierno mexicano para que otorgara concesiones de explotación minera y de construcción de ferrocarriles de ese país, sin embargo encontró fuerte resistencia, y no fue sino hasta 1880 en que el gobierno del general Porfirio Díaz decidió acceder a las peticiones extranjeras y trazó un nuevo plan para el desarrollo económico del país.

Se pensaba entonces que México era un país rico en recursos naturales, pero deficiente en capital y fuerza de trabajo, por lo que era necesario permitir la entrada de capital extranjero y atraer colonos que vinieran a cultivar las inmensas tierras incultas. El complemento de este proyecto en la construcción de ferrocarriles que agilizaran las comunicaciones en nuestro territorio que por siglos había sufrido la falta de caminos.

La política porfiriana fue efectiva en cuanto a las inversiones extranjeras, norteamericanas en particular, que impulsaron notablemente la minería, la construcción de vías férreas, el comercio exterior y la industria petrolera. Sin embargo, la colonización agrícola fracasó completamente, entre otras cosas porque los esfuerzos del gobierno para habilitar tierras, degeneraron en fraudes y otras corruptores que impidieron que la tierra llegara a ser de los colonos.

En este instante de apertura a los Estados Unidos, de construcción de ferrocarriles, de colonización e iniciación de programas económicos, se llevó a cabo el hecho histórico de la colonización de Topolobampo.

 

El proyecto ferroviario

El primer contacto de los norteamericanos con el Valle del Río Fuerte, se debió al expansionismo ferroviario de las empresas que operaban en el sur y oeste de los Estados Unidos. Se buscaba entonces extender los ferrocarriles norteamericanos dentro del territorio mexicano con objeto de incrementar el comercio y lograr una salida al océano Pacífico, pues el comercio con el Lejano Oriente era una de las principales metas de los empresarios norteamericanos.

El ingeniero Albert Kimsey Owen, agente del ferrocarril Denver and Río Grande, llegó en 1872 a las costas de Sinaloa, en busca de un puerto que pudiera ser la terminal de la futura ruta hacia el océano Pacífico, y encontró que el punto más apropiado era Topolobampo.

Desde ese momento Owen concibió un plan que habría de llenar y consumir 30 años de su vida, esto es, la construcción de un ferrocarril transcontinental que corriera de Topolobampo a Ojinaga o Piedras Negras y se prolongara hasta el puerto de Norfolk en Virginia. Este ferrocarril acortaba la distancia entre la costa atlántica de los Estados Unidos y el océano Pacífico, lo que permitiría incrementar el comercio del Lejano Oriente además del intercambio entre México y la zona central de los Estados Unidos. Junto a este proyecto Owen incluyó la creación de una gran metrópoli en Topolobampo y la explotación de los recursos agrícolas del Valle del Fuerte.

Como la empresa ferroviaria Denver and Rio Grande fracasó, Owen intentó promover el proyecto por su propia cuenta. Su primer idea fue que los gobiernos de México y Estados Unidos contribuyeran con el ferrocarril, pues se oponía a que su idea sirviera para enriquecer más a las poderosas empresas norteamericanas. Entre 1874 y 1879, Owen trabajó activamente por convencer al Congreso de los Estados Unidos de que aprobara su proyecto, y a pesar de que obtuvo el apoyo del presidente Grant, no logró su objetivo; ni siquiera obtuvo la autorización para que el gobierno realizara la exploración de la ruta.

En 1881 Owen consiguió interesar en el proyecto a un grupo de inversionistas de Boston; se formó entonces The Texas Topolobampo and Pacific Railroad and Telegraph Co., con objeto de realizarlo. Ese mismo año, el 13 de junio de 1881, Owen obtuvo del gobierno federal mexicano la concesión para construir la vía férrea Topolobampo-Piedras Negras con ramales a Mazatlán, Álamos y Ojinaga, y la fundación de Ciudad González en las riberas de la bahía de Topolobampo. Más de dos años se invirtieron en explorar la ruta y trazar la vía, y en 1884 se inició la construcción en Topolobampo.

La empresa de Owen tropezó con insuperables problemas financieros, pues le fue imposible conseguir el capital necesario para la construcción, en los Estados Unidos y en Europa; no llegó a convencer a los inversionistas. Los trabajos de desmonte y nivelación del terreno se desarrollaban, pero ni un solo riel llegaba a Topolobampo. Owen consiguió seis prórrogas consecutivas al plazo de construcción, pero nunca pudo cumplirlo.

La última prórroga caducó en enero de 1899 y Owen traspasó sus deudas al empresario norteamericano Arthur Stilwell. Después de 28 años de arduos esfuerzos el ferrocarril se reducía a poco más de 2 km de vía.

La historia posterior del ferrocarril de Topolobampo, es otra larga serie de esfuerzos y fracasos. La empresa de Stilwell, Kansas City, México and Oriente, operó de 1900 a 1929 y logró construir el 42% de la línea troncal en 3 secciones discontinuas. En 1929 la compañía fracasó y sus derechos fueron adquiridos por el empresario norteamericano Benjamín Francis Johnston; se logró incrementar la longitud de la vía, pero no se pudo construir el tramo de 248 km a través de la sierra.

En 1940 el gobierno federal adquirió la empresa y logró culminar la construcción del ferrocarril en 1961. Así quedó en operación el ferrocarril Chihuahua al Pacífico con 938 km de extensión entre Ojinaga y Topolobampo. Cabe señalar que por estos tiempos ya habían cambiado las circunstancias que el siglo anterior habían impulsado el proyecto, y que el plan de Owen quedó inconcluso, pues no se acondicionó el puerto de Topolobampo, complemento indispensable para la operación del ferrocarril.

El ferrocarril no ha tenido la influencia esperada para el desarrollo de la región; sin embargo, históricamente es importante porque fue el primer paso en el desarrollo de esta región con el surgimiento del moderno Valle del Fuerte.

 

La colonización

El proyecto ferroviario de Albert K. Owen, fue el principio y la ocasión de otra obra de este empresario que ha tenido mayor trascendencia en la historia del Valle del Fuerte. Me refiero a la colonización efectuada entre 1886-1896, comúnmente conocida como la Colonia de Topolobampo.

 

Dijimos antes que el proyecto global de Owen sobre la región, además del ferrocarril, incluía la construcción de la ciudad portuaria en Topolobampo y de un gran centro agropecuario en Los Mochis. A esta segunda parte del proyecto nos referimos ahora, que es la más ligada al desarrollo regional y a los orígenes de esta ciudad de Los Mochis.

 

El proyecto de colonización

La idea fundamental de Albert K. Owen para atraer una gran cantidad de colonos y recursos norteamericanos, fue erigir en Topolobampo una moderna ciudad portuaria que fuera el centro rector del comercio transpacífico, semejante al papel de Nueva York en el Atlántico y que al mismo tiempo sirviera de apoyo para la explotación de los inmensos recursos agrícolas del Valle del Fuerte.

Los años de 1884 y 1885 fueron los más favorables para los trabajos de Owen, cuando todo parecía anunciar el éxito del ferrocarril, por lo que llenó de entusiasmo y optimismo empezó a proyectar la empresa colonizadora. Por estas fechas, Owen estaba muy influido por las ideas sociales de numerosos grupos de trabajadores que luchaban por corregir los desajustes de la sociedad norteamericana provocados por el desarrollo del capitalismo; y es por esto que el proyecto colonizador incluyó los principios de reforma social más en boga en los Estados Unidos.

El plan trazado por Owen estableció a la colonia como una empresa cooperativa, donde la tierra, los recursos naturales y medios de producción, serían de propiedad común para ser explotados privadamente por los socios cooperativistas.

Además de la propiedad común de los medios de producción se estableció el principio de equidad, que según Owen es el derecho de cada persona a poseer el fruto de su trabajo y a intercambiarlo por bienes y servicios que representan la misma cantidad de trabajo. De este modo se aseguraba a cada productor la íntegra posesión del fruto de su trabajo y que nadie pudiera adueñarse del trabajo de otras personas. Para aplicar este principio, el gobierno de la empresa controlaría todos los intercambios de bienes y servicios, según precios determinados en base a la cantidad de trabajo invertido. Se llevaría una especie de cuenta bancaria para cada colono, donde se asentarían los «abonos» o bienes y servicios entregados a la comunidad, y los «cargos», o sea bienes y servicios entregados por la comunidad a cada colono; abonos y cargos se cuantificarían en «créditos de trabajo», que harían el papel de moneda al interior de la comunidad.

El tercer principio fundamental era que los intercambios al exte¬rior de la comunidad estarían a cargo del gobierno de la empresa; se harían a precio de mercado y las ganancias obtenidas se destinarían al bien común. Este sistema organizativo recibió el nombre de Cooperación Integral.

Owen pensaba que por medio de esos tres principios fundamentales quedaría asegurada la justicia dentro de la comunidad, y que el bienestar de cada individuo dependería de su laboriosidad y eficiencia.

Además de estos principios, Owen desarrolló todo un reglamento para regir la vida común, con objeto de salvaguardar la moralidad, higiene, seguridad, educación y bienestar de los colonos. El reglamento era tan preciso y estricto que hacían de la colonia algo así como una comunidad religiosa.

A mediados de 1884 Owen inició una campana publicitaria para difundir sus ideas y reclutar colonos. Publicó varios libros, decenas de folletos e innumerables artículos en los diarios de mayor circulación. Fundó también un pequeño periódico semanario —The Credit Fonder of Sinaloa— que fue el vocero oficial de la organización y estuvo a cargo de los esposos Edward y María Howland; se empezó a publicar en junio de 1885 y duró hasta 1895.

Se pusieron en venta 100 000 acciones de la empresa a 10 dólares cada una; las primeras 15 000 se colocarían entre todas las personas interesadas en apoyar el proyecto y el resto sólo entre los colonos residentes. Owen pensaba que con 150 000 dólares podía construir las instalaciones mínimas para los primeros colonos.

La campaña publicitaria tuvo un éxito sorprendente, y de todos los rincones de los Estados Unidos surgieron personas interesadas en la colonización. El mayor número de acciones se coloca en los estados de Colorado, Texas, California y Kansas, entre personas de clase media baja, trabajadores asalariados y artesanos en su mayoría, muchos de ellos dedicados al trabajo agrícola. El éxito de Owen se explica si consideramos que por esos tiempos había en los Estados Unidos muchas familias desplazadas de sus trabajos por el incontenible desarrollo industrial y que repudiaban al sistema capitalista como origen de sus males.

En julio de 1866 Owen obtuvo la concesión para colonizar las tierras de Topolobampo (llamadas «sitio de la ciudad») y de Los Mochis, con derecho a usar las aguas del río Fuerte y construir un acueducto. Owen se comprometió a colocar 500 familias en 2 años y mil más al cabo de cinco años. En agosto de 1866 se legalizó la empresa en el estado de Colorado. Recibió el nombre oficial de The Credit Fonder Company y obtuvo vida legal por 10 años.

En agosto de 1866 se completó la colocación de las 15 000 acciones previstas para iniciar la colonización y Owen pidió 100 jóvenes voluntarios que quisieran afrontar los riesgos del trabajo inicial. En este momento la euforia de los futuros colonos rebasó las previsiones del líder y varios grupos se dispusieron a partir, mas no jóvenes solteros como se pedían, sino familias completas que habían ya vendido lo que no podían trasladar a la colonia.

Los llamados de Owen para proceder con prudencia fueron inútiles y numerosos grupos de colonos se pusieron en marcha. El 8 de noviembre de 1886 salió de San Francisco el primer grupo, 22 adultos y 5 menores, bajo la guía de Edwin J. Schellhous zarparon a bordo del vapor Newbern.

 

Nacimiento prematuro

El miércoles 17 de noviembre de 1886, desembarcó en Topolobampo el primer grupo de pioneros, no sin haber superado serias dificultades, pues carecían de documentos migratorios y el gobierno no había autorizado puerto en ese punto. Pronto llegaron nuevos contingentes de colonos que se trasladaban por ferrocarril hasta Guaymas y ahí se embarcaban para Topolobampo.

En diciembre había 300 colonos alojados en tiendas de campana sobre las agrestes riberas de la bahía, llenos de entusiasmo, pero carentes de medios de subsistencia.

Owen se presentó entre los colonos que organizaban a los recién llegados. Desde el principio se aplicaron las normas de cooperación integral, y se formaron grupos para el trabajo comunitario que incluía desde lo más elemental, como el acarreo de agua potable. Se estableció que cada colono devengaría un salario de 3 dólares diarios en créditos de trabajo, cantidad muy elevada si se considera que un obrero de la época ganaba 1.5 dólares diarios y un peón del Valle obtenía el equivalente a un dólar por semana.

Owen volvió a los Estados Unidos para poner orden en el irregular desplazamiento de colonos; para ello tuvo que hablar sin eufemismos de las graves dificultades de la empresa, que muchas veces disimuló durante la campaña publicitaria. Logró contener la avalancha, pero también desalentó el entusiasmo de los suscriptores de la empresa, pues la colocación de acciones se detuvo bruscamente y ya no volvió a levantarse.

Según los planes de Owen, la granja agrícola debería establecerse en el predio de Los Mochis, pero por el momento era imposible por falta de medios de riego. Se recurrió entonces al arrendamiento de tierras en las vegas del río. Así que por abril de 1887 había cuatro pequeñas granjas con 192 colonos en total, mientras en Topolobampo quedaban 135 personas.

Durante el primer año la colonia afrontó muy graves problemas. El mayor de ellos fue la inadecuada composición del grupo pionero, que en lugar de estar formado por jóvenes trabajadores, era de niños y ancianos en proporción mayoritaria. Esto impuso a la compañia la pesada carga de sostener a esa población inhábil para los trabajos iniciales. El aprovisionamiento de los colonos se hacía desde San Francisco, con el consiguiente incremento de costos y la morosidad de los trámites aduanales. En la granja de Sufragio, los colonos hicieron fuertes inversiones con objeto de incrementar la producción y estabilizar la empresa, pero el propietario de la ha¬cienda los expulsó y todo lo perdieron; no hubo reclamo legal porque no habían formalizado el contrato de arrendamiento.

En el año de 1887, los colonos sufrieron una epidemia de viruela que costó la vida de 7 niños. Tres prominentes colonos, directivos de CFCo., iniciaron una campaña difamatoria contra Albert K. Owen, acusándolo de falso y defraudador, porque había anunciado que contaba con las tierras de Topolobampo y Los Mochis, y no era dueño de un solo metro cuadrado; había publicado presupuestos de costos para el canal de riego excesivamente bajos; a espaldas del consejo directivo había comprometido a los colonos a trabajar en la construcción del ferrocarril; y no había pagado las 5 000 ac¬ciones de la empresa que personalmente había suscrito.

Owen se trasladó a Topolobampo para afrontar el problema, y aunque todos los cargos resultaron ciertos, logró mantener la fidelidad de los colonos. Los disidentes apodados «Kickers» fueron expulsados de la colonia y la empresa siguió adelante. Sin embargo, en diciembre de 1887 sólo permanecían 140 colonos. Liquidado el incidente, Owen salió a los Estados Unidos para seguir trabajando en la promoción del ferrocarril; nombró un director para la colonia y partió.

Con la experiencia de Sufragio, los colonos decidieron no invertir fuera de sus tierras, por lo que compraron 160 has. en la Logia (cerca de Ahome) al hacendado Zacarías Ochoa. A fines de 1887 empezaron a concentrarse en esta propiedad para iniciar una nueva etapa en la vida de la colonia.

 

La logia

Los siguientes tres años de la vida de los colonos (1888-1890) se caracterizaron por el sosiego, el alto espíritu de la vida comunitaria y también por los avances materiales.

La principal actividad de la colonia fue la agricultura, enfocada en satisfacer las necesidades internas y a colocar algunos productos en el mercado local. También tuvieron labores artesanales; todo organizado de manera comunitaria, hasta algunas labores domésticas como la alimentación. A pesar de la laboriosidad de los colonos y del austero régimen de vida que llevaban, su trabajo no produjo lo suficiente para el sostenimiento de la comunidad, y menos aún para acumular reservas que pudieran invertirse en el crecimiento de la co¬lonia. Si la comunidad pudo subsistir se debió a los constantes envíos de efectos y dinero que la tesorería de CFCo., hacía desde los Estados Unidos, gracias a los donativos que los simpatizantes hacían para impulso de la empresa.

La causa de la insuficiencia económica fue que el trabajo de muchos colonos no era productivo o sólo redituable a largo plazo. Así se invirtió mucho trabajo en la construcción de la aduana y almacenes portuarios de Topolobampo, en la habilitación de los caminos y en la construcción del imposible ferrocarril. Otros servicios, necesarios pero muy costosos, absorbían recursos, como el sostenimiento de las comunicaciones con Estados Unidos, la educación de los niños, la edición del periódico y otros más.

Las condiciones de vida de los colonos, fueron inferiores a las que abandonaron en los Estados Unidos, aunque superiores a las de los peones de la región. Sus habitaciones fueron chinames que solo se distinguían de los indígenas porque tenían ventanas y chimeneas de piedras. El mobiliario, vestido, calzado y alimentación era de lo más rustico. Sin embargo los colonos aceptaron gustosos tantas privaciones con la esperanza de que más adelante lograrían superarlas.

Los colonos se distinguieron por una intensa vida cultural que superaba a la de los mexicanos de zona y que tuvo influencia sobre ellos. La escuela de la Logia dirigida por el Sr. Schellhous funcionó a nivel elemental con gran calidad, y atrajo a los hijos de los hacen-dados vecinos. Los colonos cultivaron el teatro, la música, la astronomía, hicieron estudios botánicos y zoológicos de la zona y registraban con exactitud los fenómenos meteorológicos en los observatorios que construyeron en diversas partes del Valle. Tenían una biblioteca con 300 volúmenes y publicaron quincenalmente el periódico The Credit Fonder of Sinaloa, que en septiembre de 1888 instaló su redacción en Topolobampo.

Además del asentamiento de la Logia, un grupo de colonos permaneció en Topolobampo, pues Owen insistió en mantener ocupado el sitio donde se edificaría la ciudad portuaria. Estos colonos se dedicaron a la pesca y a construir las instalaciones portuarias mínimas que el gobierno mexicano exigía para la operación del puerto. Gracias a los esfuerzos de estos colonos se logró que en octubre de 1888 se abriera el puerto a la navegación de cabotaje, Io que fue un beneficio para la región entera.

Una característica de la comunidad de la Logia fue la fidelidad al líder de la empresa, el apoyo a los principios de la cooperación integral y a los reglamentos de vida común ideados por Owen. Un punto clave del sistema era la remuneración del trabajo que se observaba rigurosamente. Todo trabajo fue pagado a 3 dólares por Jornada, más séptimo día, en créditos de trabajo. Este salario desproporcionadamente alto significó para la compañía un costo demasiado elevado para sus productos y servicios. La compañía entregaba los productos importados desde Estados Unidos a precio de costo, pues no podía lucrar con sus propios miembros. Los productos de la comunidad se vendían a los mexicanos a precio inferior al costo de producción. En otras palabras: CFCo. pagaba salarios muy altos, muchas veces por trabajos improductivos; compraban caro en E.U. y vendían barato en Sinaloa; producían a elevado cos¬to y vendían barato en el mercado local. El resultado fue que nunca pudo redimir los créditos de trabajo devengados por los colonos, que se acumulaban constantemente en los libros de cuentas. Esta situación pudo llevar al total descrédito del sistema, pero los colonos lo aceptaron con la esperanza de que se lograría el equilibrio y gozarían de las bondades del sistema como Owen lo había anunciado.

Durante los 3 años de vida en la Logia, Owen no se presentó en ella. Andaba muy ocupado buscando inversionistas para el ferrocarril, así como consiguiendo más concesiones para el ferrocarril y la colonia porque estas caducaban por incumplimiento de las obligaciones.

Owen mostraba satisfacción por el carácter idealista de la minúscula comunidad, pero comprendía que con ese grupo nunca lograría cimentar la ciudad ni el emporio agrícola. Fue entonces cuando escuchó las propuestas de Christian B. Hoffman, rico empresario de Kansas, para conseguir los indispensables recursos-dinero y colonos para lograr la conquista del Valle.

 

A la conquista del Valle

Christian B. Hoffman era un joven activo y emprendedor, hábil administrador de empresas y preocupado por los problemas sociales de su patria. Cuando conoció la empresa de Topolobampo, se interesó en ella y viajó a la Logia en 1889. Quedó muy bien impresionado por la potencialidad económica del Valle y también observó la precaria situación de la colonia y los errores administrativos que impedían su progreso.

Hoffman concibió un plan para impulsar la colonización, que consistía en obtener colonos y capitales en la región de Kansas. De acuerdo con Owen fundó el 11 de julio de 1889 la The Kansas Sinaloa Investment Co., empresa inmobiliaria que compraría las tierras de Los Mochis, las reservaría para los colonos por espacio de 5 años y se las vendería a precio adecuado, de modo que sin ser gravoso para los colonos, aseguraba una utilidad para la empresa. Hoffman tuvo éxito en sus gestiones y en pocos meses logró adquirir el 38% de las 32 000 ha del predio Los Mochis. También desplegó una activa campaña de convencimiento a través del periódico que para ello fundó, The Integral Cooperator, y logró reclutar a 166 colonos que desembarcaron en Topolobampo en diciembre de 1890.

El plan propuesto en marcha para la adquisición de tierras, exigía su cultivo inmediato para pagarlas con sus productos, y para cultivar la tierra se necesitaba un sistema de riego. Así es que Owen y Hoffman procedieron a planear la construcción de un canal que llevaría aguas del río Fuerte al predio Los Mochis, pues sin este complemento la compra de la tierra sería imposible.

El ingeniero Eugenio Tays hizo el trazo del canal. Localizó la bocatoma en el paraje denominado Los Tastes, situado 11 km aguas abajo de Mochicahui. El trazo era en línea recta hasta el predio Los Mochis, y de ahí podía extenderse 23 km al sur hasta llegar a Topolobampo. Con capacidad máxima de 3 m. de agua para irrigar 16 000 has.; se diseñó también el sistema de canales derivadores con una lentitud global de 13 km.

Para financiar la construcción, CFCo. Hizo una emisión de «bonos del fondo de mejoramiento» para canjearlos por dinero, materiales de construcción, implementos y todo lo que pudiera servir para los trabajos. Los bonos producirían una utilidad de 10% anual y podían ser redimidos entre otras posibilidades con servicio de riego.

El fondo de mejoramiento fue entregado en fideicomiso a The K-Sin Ico, en un contrato que estipulaba que esta empresa emitiría los bonos, construiría el canal y redimiría la emisión en un plazo de 5 años. Si al 1° de julio de 1895 no estaban redimidos los bonos, el fideicomisario podría exigir todos los bienes de CFCo. para satisfacer esta obligación. La construcción del canal se inició el 30 de diciembre de 1890 en Los Tastes. Fue en verdad una obra titánica por los grandes obstáculos a superar y los escasos recursos de los colonos pues sólo contaban con picos, palas y escrepas tiradas por bueyes. Esta es sin duda, la más grande de las realizaciones de los colonos en el Valle.

Con los refuerzos llegados de Kansas, la población de la colonia creció a 400 personas, pero sólo 60 6 70 fueron hábiles para el trabajo directo de excavación. Sin embargo todos los colonos participaron en la atención de los excavadores y otros requerimientos de la obra. El trabajo se desarrolló a lo largo de 18 meses, y sólo se interrumpió cuando las lluvias impidieron por completo la excavación y cuando una epidemia de tifoidea imposibilitó a la mayor parte de los colonos.

El organizador de los trabajos fue Alvin Wilber, director de la Logia, que trató de encauzar la vida del campamento de excavado¬res bajo las mismas estrictas normas que por 3 años rigieron la Logia, lo cual causó descontento entre los colonos de Kansas, que rechazaron ese sistema de vida. Los colonos de Kansas también eran miembros de CFCo., pero había diferencia entre ellos y la vieja guardia de la Logia. Habían sido reclutados por Hoffman, poco conocían a Owen y se interesaban más por el progreso agrícola que por el éxito del sistema de cooperación integral. Los inconformes no sólo rechazaron el autoritarismo de Wilber, sino también la propiedad colectiva de la tierra, porque decían que era la única garantía a la inversión que en dinero y trabajo estaban haciendo, así es que exigieron a CFCo. que titularan la tierra de manera individual.

Después de 4 años de ausencia Owen se presentó en el campa¬mento de los excavadores para resolver el conflicto, mas a pesar de su habilidad de persuasión, no logró convencer a los disidentes y estos tampoco lograron que Owen aceptara sus peticiones. Los disi¬dentes recurrieron a Hoffman y al consejo directivo KSICo. quienes separaron a Wilber de la dirección de los trabajos. Este hecho provocó la división de los colonos, pues los antiguos residentes de la Logia y Topolobampo, siguieron reconociendo a Wilber. Se inició entonces una lucha entre los fieles a Owen llamados «santos» y los disidentes apodados «kickers», que sería imposible detener.

A pesar de las diferencias, siguió la excavación del canal hasta mediados de 1892 en que inició el desmonte de las tierras de Los Mochis para el asiento definitivo de la colonia. Se eligió un sitio de 700 has. en el extremo final del canal Tastes, en las inmediaciones de lo que hoy es el ejido Compuertas, que se llamó Public Farm. Los disidentes eligieron un lugar a 5 km de distancia, (por donde ahora está la estación del CH.P) que se llamó El Plat porque los colonos se asignaron parcelas («Plats») individuales. Los disidentes rehusaron asentarse junto con los «santos» porque habían perdido la confianza en el sistema de Owen, y justificaron su actitud por el desastroso estado financiero del CFCo. En efecto, por estas fechas, la empresa de Owen sólo había logrado el pago efectivo de 5 907 acciones y por el contrario había un pasivo de 180 mil dólares en créditos de trabajo no cancelados. La insolvencia de CFCo. era evidente, por lo que los inconformes rehusaron integrarse al sistema de créditos de trabajo y exigieron la titulación privada de la tierra. Owen fue incapaz de frenar la división y tampoco pudo expulsar a los inconformes, pues no podía pagarles las inversiones que habían hecho.

 

El fracaso

La división entre los colonos impidió la cooperación cuando más

se necesitaba; y en lugar de mutua ayuda hubo constantes altercados a causa del uso del canal de riego. En 1892 la colonia alcanzó

su población máxima (500 colonos) pero fue también el año de las

más fuertes dificultades.

Para resolver tan graves problemas, Owen y Hoffman se reunieron en los Estados Unidos; acordaron hacer la reorganización total de la empresa con la participación de los colonos, el consejo directivo del KSICo. y de un acaudalado empresario alemán, Michael Florsheim, que había prometido fuertes inversiones en la colonia si se arreglaba la diferencia.

Owen pidió que se respetaran los principios de la Cooperación Integral, que se reconocieran las acciones de CFCo. y que se le comprara la concesión de la colonia en 250 mil dólares. Sin embargo, la asamblea acordó que la nueva compañía colonizadora daría cabida por igual a cooperativistas y propietarios privados, no reconoció la deuda de CFCo. ni compraría la concesión de Owen por considerarla caduca. Los líderes se trasladaron a Topolobampo para informar a los colonos sobre los acuerdos, y después de una agitada sesión en que abundaron los insultos, los «santos» rechazaron por completo los acuerdos y la división de la colonia fue definitiva en mayo de 1893.

La población de la colonia se había reducido notablemente a causa de las dificultades; sólo quedaban 120 «santos» establecidos en El Público y en Topolobampo; y 140 «kickers» asentados en «El Plat». Cada grupo trató de reestructurarse y de destruir al opositor. Las diferencias llegaron a tal extremo que el ejército hubo de intervenir para impedir las agresiones. El gobernador de Sinaloa ordenó que las diferencias se arreglaran ante el tribunal competente, y que mientras se dictaba sentencia, el canal serviría por semanas alternadas a uno y otro grupos.

En el mismo año de 1893 los colonos perdieron a sus principales líderes. Hoffman se fastidió y no volvió a ocuparse de la colonia. Owen fracasó en su intento de reestructurar a los «santos», pues el gobierno federal rechazó la Cooperación Integral por oponerse a las leyes fundamentales de la República. A causa de esto se alejó de Topolobampo, se fue desatendiendo de los colonos y terminó por desprenderse totalmente.

Entre los años 1893 y 1896 la colonia de Topolobampo declinó rápidamente a causa de la lucha interna que consumía los esfuerzos sin producir fruto, y porque intereses ajenos pretendían el control de los bienes que los colonos habían logrado: las tierras agrícolas y el canal de riego. En 1894 algunos mexicanos de la región emprendieron un proceso judicial para apropiarse de las tierras que los colonos cultivaban, y aunque la maniobra alcanzó su propósito, desmoralizó a los colonos, pues se percataron que sus tierras habían despertado la codicia de los vecinos.

El 1° de julio de 1895 venció el plazo estipulado en el contrato entre KSICo. y CFCo. para la compra de las tierras y la redención de los bonos del fondo de mejoramiento. Como CFCo. no había cumplido los convenios, los colonos perdían el derecho a la compra de las tierras y el canal fue adjudicado a KSICo. El nuevo administrador del canal desconoció el valor de los bonos y exigió pago en efectivo por el agua, lo que dañó seriamente la economía de los colonos.

EI colapso de la colonia fue en 1886, pues el 1° de septiembre expiró la vida legal de CFCo. y el estado de Colorado se negó a refrendar su carta constitutiva. El 20 de noviembre la Secretaría de Fomento declaró caduca la concesión de colonización.

La colonia dejó de existir legalmente y los colonos quedaron completamente privados de todo derecho sobre la tierra, el canal y el uso del agua.

 

Los despojos de CFCo.

En 1896 la colonia de Topolobampo no era más que un puñado de familias desmoralizadas y dispersas que seguían luchando por recuperar el canal, las concesiones que Owen había perdido y las tierras que ocupaban, pero sus esfuerzos terminan en el fracaso.

Entre 1901 y 1902, la empresa norteamericana Sinaloa Sugar Company compró los derechos sobre el canal de riego y las tierras del predio Los Mochis. Esta empresa azucarera operaba desde 1894 en El Águila bajo la dirección de Benjamín Francis Johnston, con capital de un millón de dólares propiedad de inversionistas de Chicago.

Johnston ofreció a los colonos la venta de las tierras que ocupa¬ban al precio de 61.80/ha con servicio de riego y plazo de 5 años pa¬ra pagarla. Los «kickers» aceptaron el trato, se convirtieron en propietarios y se integraron al nuevo orden impuesto por Johnston. Los «santos» rehusaron la oferta, y en mayo de 1904, 15 familias fueron expulsadas de sus tierras. Los fieles seguidores de Owen se dispersaron en diferentes puntos del Valle.

Los colonos permanecieron en el Valle hasta 1913, en que el gobierno norteamericano repatrió a sus nacionales a causa de los conflictos que entre México y Estados Unidos surgieron en ese tiempo. Sin embargo muchas familias se habían asimilado al medio mexicano y permanecieron en el Valle sin que fueran molestados en sus personas o propiedades.

 

Trascendencia de la colonia de Topolobampo

Las empresas de Albert K. Owen en el Valle del Fuerte constituyen el hecho más importante en la historia moderna de esta zona; de ellas arranca el gran desarrollo económico que caracteriza a esta región y fueron los primeros pasos en la aparición de la ciudad de Los Mochis.

Las empresas de Owen fracasaron y es fácil observar los motivos del fracaso. Se iniciaron sin recursos adecuados y fueron administradas con gran deficiencia. Era imposible que alcanzaran los objetivos perseguidos; pero sin embargo, fueron el primer paso firme en la explotación del Valle porque abrieron el camino a las indispensables inversiones para el desarrollo agrícola.

A los colonos norteamericanos se debe la construcción del primer sistema de riego, el cultivo de la tierra con sistemas modernos, así como la habitación del puerto de Topolobampo. Esto se logró gracias al tesonero trabajo de los colonos, que fue pagado en créditos de trabajo y bonos del fondo de mejoramiento, que nunca fueron redimidos. Así pues, podemos afirmar que la primera inversión que impulsó el desarrollo regional se debe al trabajo no remunerado de los 1 245 colonos que pasaron por el Valle del Fuerte, apoyados desde los Estados Unidos por los donativos de aquellos 5 000 suscriptores de CFCo.

Aunque los líderes de la empresa: Owen, Hoffman, Marie Howland y otros más tienen indiscutiblemente mérito en el suceso, fueron los colonos quienes con su esfuerzo y privaciones lograron los frutos. Los últimos vestigios materiales de los colonos se han ido borrando con el tiempo, pero permanece esta dinámica ciudad, que perpetúa el hombre de aquellas tierras donde los norteamericanos sembraron la semilla de este magnífico fruto que estamos presenciando.

 

Nota: Este trabajo es un extracto de la obra del mismo autor: El Edén Subvertido. La colonización de Topolobampo 1886-1896, México, Secretaría de Educación Pública, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1978.

 

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

 

Topolobampo, Sinaloa
Bahía de Topolobampo, municipio de Ahome, Sinaloa, México

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